La adicción al running

La adicción a correr o “runnorexia” la podemos examinar desde diferentes puntos de vista, edad, sexo, educación y situación económica y factores de entrenamiento (duración de la actividad de carrera, tiempo semanal de carrera, distancia promedio de entrenamiento por sesión, otras actividades deportivas y actividad física en la infancia), características psicológicas (salud percibida, satisfacción con la vida, soledad, estrés, ansiedad, depresión, forma corporal y trastornos de la alimentación) y antropometría (índice de masa corporal) que pueden predecir la adicción a correr.

Según estudios en corredores con una media de edad de 40-41 años y con una media de tiempo de practica de la carrera de unos dos años. Alrededor del 53,6 % son sintomáticos de no ser dependientes del running, el 37,8 % son asintomáticos no dependientes y alrededor del 8,6 % estarían en riesgo de ser dependientes del running.

De este 8,6 % en los estudios se sacaban 5 variables que podían influir para esta dependencia (a) ansiedad, (b) soledad, (c) tiempo semanal dedicado a correr, (d) actividad física infantil y (e) nivel educativo.

En conclusión; Los hallazgos indican que la soledad y la ansiedad pueden llevar a la abstinencia y al comportamiento descontrolado que, a su vez, aumenta la cantidad de ejercicio en los corredores amateurs. Un nivel más bajo de educación también es un riesgo probable de desarrollo de dependencia y adicción al running, y la actividad deportiva infantil es un factor predictivo.

El ejercicio y la actividad deportiva son beneficiosos tanto física como psicológicamente, pero el ejercicio excesivo puede tener efectos adversos fisiológicos y psicológicos. Existen problemas metodológicos en la definición, diagnóstico y etiología de la adicción al ejercicio.  Se han desarrollado y validado varios cuestionarios y herramientas de diagnóstico que muestran una alta validez y fiabilidad. Se cree que la adicción al ejercicio tiene una dimensión obsesivo-compulsiva, así como aspectos gratificantes que pueden incluirla entre las adicciones conductuales.

Los estudios biológicos muestran que, en roedores, el ejercicio, como la carrera con ruedas, activa el sistema de recompensa de dopamina y, por lo tanto, contribuye a la reducción del estrés. Otra evidencia sugiere que correr está asociado con endorfinas y cannabinoides, lo que explica los sentimientos de los “grandes corredores” o eufóricos que pueden llevar a la adicción al ejercicio.

Los estudios genéticos sugieren que los genes que controlan la preferencia por las drogas también controlan la preferencia por comportamientos naturalmente gratificantes, como el ejercicio.

Los estudios psicológicos también explican la adicción al ejercicio en términos de recompensa, habituación, apoyo social, alivio del estrés, evitación de la abstinencia y reducción de la ansiedad.

Se ha sugerido que la adicción al ejercicio es parte de un continuo de actividad deportiva que se desarrolla en etapas desde el ejercicio recreativo hasta el ejercicio en riesgo, el ejercicio problemático y, finalmente, hacia la adicción al ejercicio.

La evaluación y el tratamiento deben tener en cuenta las diversas etapas del desarrollo de la adicción al ejercicio, su comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos, como los trastornos de la alimentación o el uso de sustancias y el alcohol.

Los enfoques de tratamiento para la adicción al ejercicio se basan en el enfoque cognitivo-conductual, pero se sabe poco acerca de su efectividad. Un solo estudio de caso muestra promesa de tratamiento farmacológico para la adicción al ejercicio y se requieren estudios adicionales. Esta revisión resume el diagnóstico y la fenomenología de la adicción al ejercicio con énfasis en los mecanismos fisiológicos y neuro-farmacológicos responsables de sus propiedades gratificantes y adictivas.